
Hay otra forma de fingir que merece ser señalada:
Fingir ser víctima.
Fingir preocupación.
Fingir gestión.
Fingir que se escucha al vecino.
Fingir que se combate la inseguridad.
Fingir que se combate el narcomenudeo.
Fingir que el hospital funciona con normalidad.
Fingir que las obras avanzan.
Fingir que los problemas no existen.
Y cuando la realidad contradice el discurso, simplemente mirar para otro lado.
Eso también es fingir demencia.
El problema es que el vecino ya no compra el relato.
Porque el vecino vive la realidad.
La vive cuando tiene miedo por la inseguridad.
La vive cuando reclama por la venta de drogas en su barrio.
La vive cuando necesita atención médica y se encuentra con faltantes.
La vive cuando espera una obra que fue anunciada como prioridad.
La vive cuando tiene que trasladarse y el transporte vuelve a estar en crisis.
La vive cuando transita por calles y caminos que necesitan respuestas.
Y ahí aparece la gran pregunta:
¿Dónde está la gestión?
Porque gobernar no es decir que estás preocupado.
Gobernar es resolver.
No alcanza con una foto.
No alcanza con una reunión.
No alcanza con un comunicado.
No alcanza con repetir “estamos trabajando”.
Hay que mostrar resultados.
Y acá volvemos a las promesas.
Antes de asumir la presidencia de EMSA, Julio César Barreto hablaba de prioridades para Montecarlo: la Escuela N.º 773, la Ruta Provincial 15, Guaraypo, Cuatro Bocas e Hipocampo.
Bien.
Entonces hoy corresponde preguntar:
¿Qué pasó con esas prioridades?
Porque el tiempo pasa y el vecino sigue esperando.
Y si ahora Joerg dice que escucha los reclamos, perfecto.
Pero escuchar no es posar.
Escuchar es responder.
Si el vecino reclama seguridad, tiene que haber respuestas.
Si reclama contra el narcomenudeo, tiene que haber acciones concretas.
Si reclama por el hospital, hay que garantizar los recursos necesarios.
Si reclama por una obra, hay que explicar cuándo se termina.
Si reclama por transporte, hay que garantizar un servicio digno.
Eso es escuchar.
Lo demás es discurso.
Y acá no se trata de atacar por atacar.
Se trata de exigir.
Porque el periodismo tiene una obligación: preguntar al poder aquello que muchos prefieren no preguntar.
¿Dónde están las obras?
¿Qué se hizo?
¿Qué falta?
¿Cuándo se termina?
¿Cuánto cuesta?
¿Quién se hace responsable?
Son preguntas simples.
Pero cuando no hay respuestas, empiezan las excusas.
Y cuando sobran las excusas, aparece el relato.
Entonces, basta.
Basta de fingir preocupación.
Basta de fingir gestión.
Basta de fingir que se escucha.
Basta de fingir que no pasa nada.
Montecarlo no necesita actuaciones.
Necesita seguridad.
Necesita salud.
Necesita educación.
Necesita infraestructura.
Necesita transporte.
Necesita obras.
Necesita respuestas.
Y sobre todo, necesita funcionarios dispuestos a hacerse cargo.
Porque cuando se apagan las cámaras, queda la realidad.
Y la realidad no se puede maquillar.
Se vive.
Y los vecinos de Montecarlo la conocen perfectamente.