Hay historias que no se explican solamente con una licencia. Se explican preguntando quién estaba detrás, quién miraba para otro lado y por qué durante tantos años nadie puso el freno.

Juan Carlos Kategora figura desde 2004 como director titular de la Escuela Rural N.º 733 de Colonia Paraíso, en San Vicente. Sin embargo, hace años que no cumple funciones en la institución y la escuela continúa funcionando con un director suplente.
Los números son contundentes: según información difundida por Primera Edición, acumula 3.363 días de licencia desde 2006.
Pero el caso suma otro elemento que encendió las alarmas: mientras conserva su cargo docente, Kategora se desempeñaría laboralmente en EMSA, en Posadas. Una situación que ahora deberá ser analizada para determinar si existe una incompatibilidad.
El escándalo llegó al Consejo General de Educación después de una denuncia difundida por Revista Enterate. El organismo confirmó el inicio de un sumario administrativo para revisar las licencias y determinar si todo se hizo dentro de la legalidad.
Y ahí aparece la pregunta incómoda.
¿Cómo puede una persona permanecer durante casi dos décadas vinculada formalmente a una escuela sin cumplir funciones allí y acumular miles de días de licencia?
¿Quién autorizó? ¿Quién controló? ¿Quién firmó? ¿Quién preguntó?
Porque cuando una situación extraordinaria se prolonga durante años, deja de ser solamente responsabilidad de quien se beneficia.
También hay que mirar hacia arriba.
Y si detrás de todo esto existió algún tipo de protección política, favoritismo o influencia, será responsabilidad de la investigación determinarlo.
Por ahora hay un sumario abierto.
Pero la sociedad espera algo más que un expediente: quiere saber si hubo privilegios y quién permitió que una situación así llegara hasta acá.
Porque si realmente existió el poder del amigo político, esta vez habrá que saber quién era el amigo y cuánto poder tenía.