Misiones, en el fondo del aula: los docentes peor pagos del país mientras el Gobierno celebra una educación que no existe

Los números son demoledores y dejan al descubierto una realidad que el discurso oficial intenta maquillar desde hace años. Según los datos correspondientes a marzo de 2026, Misiones volvió a ubicarse última en el ranking salarial docente de la Argentina. Un maestro de grado con diez años de antigüedad cobra apenas $677.246 de bolsillo, el salario más bajo entre las 24 jurisdicciones del país.

Misiones, en el fondo del aula: los docentes peor pagos del país mientras el Gobierno celebra una educación que no existe

La cifra no solo coloca a la provincia en el puesto 24. También expone una brecha escandalosa respecto del promedio nacional, que supera el millón de pesos. En términos concretos, un docente misionero percibe $371.593 menos que el promedio argentino, mientras debe enfrentar el mismo costo de vida, la misma inflación y, en muchos casos, mayores dificultades por las distancias y la falta de infraestructura.

 

La situación resulta todavía más llamativa si se tiene en cuenta que desde el Gobierno provincial se insiste en presentar a Misiones como un modelo educativo. Los actos oficiales, los anuncios y las campañas institucionales hablan de innovación, tecnología y calidad educativa. Sin embargo, detrás de la propaganda aparece una realidad incómoda: los maestros que sostienen diariamente el sistema educativo son los peores remunerados del país.

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Mientras en Neuquén un docente supera los 1,6 millones de pesos de salario de bolsillo, en Misiones apenas alcanza el 40% de esa cifra. La diferencia no puede explicarse por tecnicismos administrativos ni por particularidades regionales. Se trata de una decisión política que, año tras año, relegó el salario docente hasta convertirlo en uno de los más bajos del país.

 

El dato también derrumba otro relato oficial: el supuesto crecimiento sostenido de la provincia. Si Misiones exhibe récords de recaudación, expansión turística y desarrollo económico, resulta difícil entender por qué quienes educan a las futuras generaciones siguen ocupando el último escalón salarial de la Argentina.

 

Detrás de cada estadística hay miles de docentes que deben multiplicar cargos, recorrer largas distancias o buscar ingresos complementarios para llegar a fin de mes. La consecuencia es una pérdida constante del poder adquisitivo y un creciente desgaste de un sector fundamental para el desarrollo de cualquier sociedad.

 

Los números no admiten interpretaciones. Mientras el Gobierno provincial habla de excelencia educativa, los datos oficiales muestran otra realidad: en Misiones, quienes enseñan son los que menos cobran en toda la Argentina. Y esa contradicción ya no puede ocultarse detrás de discursos ni campañas publicitarias.

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