La crisis edilicia de la Escuela N.º 773 del barrio San Lorenzo volvió a exponer este lunes una realidad que la comunidad educativa denuncia desde hace años: obras paralizadas, promesas oficiales que no se cumplen y estudiantes obligados a asistir a clases en un espacio prestado porque el edificio que les prometieron continúa inconcluso.
El malestar llegó a su punto máximo cuando un grupo de padres decidió manifestarse frente a la capilla donde actualmente funciona la institución de manera provisoria. La protesta impidió el ingreso al lugar y las clases debieron suspenderse, reflejando el nivel de agotamiento de las familias ante una situación que parece no tener fin.
El director del establecimiento, Juan Carlos Escobar, explicó en el programa de FM Horizonte que, tras comunicarse con funcionarios provinciales, recibió la promesa de que este martes se reanudarán los trabajos de construcción del nuevo edificio.
Sin embargo, en San Lorenzo las palabras ya no alcanzan. La comunidad educativa asegura haber escuchado el mismo anuncio en reiteradas oportunidades sin que eso se traduzca en avances concretos. Mientras desde el Gobierno provincial vuelven a hablar de una inminente reactivación de la obra, la realidad muestra que cientos de alumnos siguen cursando fuera de un establecimiento propio, en condiciones que distan de ser las adecuadas para garantizar una educación de calidad.
La situación de la Escuela 773 se convirtió en un símbolo de las obras públicas que quedaron atrapadas entre anuncios oficiales y demoras interminables. Cada nuevo compromiso genera más desconfianza que expectativa, porque los antecedentes pesan más que los discursos.
Ahora, la administración provincial enfrenta una nueva oportunidad para demostrar con hechos lo que durante años expresó con palabras. Para las familias, la paciencia se agotó: ya no reclaman otra promesa, sino que las máquinas vuelvan a trabajar y que el edificio escolar deje de ser una deuda pendiente con la educación pública misionera.
