Ahora resulta que todos lloran porque Nación no manda plata.

Llora el ministro de Hacienda. Lloran intendentes, concejales y funcionarios. Llora el gobernador. Lloran algunos sectores políticos y también determinados medios de comunicación que durante años recibieron pauta y recursos públicos.
Pero antes de volver a señalar exclusivamente al Gobierno nacional, hay una pregunta que sigue esperando respuestas:
¿Qué pasó con los recursos que Nación ya había destinado a las obras?
El caso de la Escuela N.º 773 de Montecarlo es imposible de ignorar.
La obra comenzó en 2021. Durante 2021, 2022 y 2023 hubo recursos nacionales vinculados a su ejecución. La obra tenía un plazo previsto y, sin embargo, años después continúa sin estar terminada.
A fines de 2023 cambió el Gobierno nacional y desde entonces se instaló una explicación que parece demasiado conveniente:
“La escuela no se terminó por culpa de Milei”.
No. Esa explicación no alcanza.
Si Nación dejó de enviar fondos, habrá que discutirlo. Pero antes hay que revisar qué ocurrió con los recursos enviados durante los años anteriores, qué se certificó, qué se ejecutó, qué se pagó y qué porcentaje real de la obra quedó terminado.
Y ahí aparecen nombres y responsabilidades políticas que no pueden desaparecer de la discusión.
Lovato, Joerg, Barreto, Oliveira, Acosta y Vegas, junto con todos los funcionarios que tuvieron responsabilidades durante las distintas etapas de la obra, deben dar explicaciones.
No porque una acusación periodística pueda reemplazar a la Justicia o a los organismos de control, sino porque quienes ocuparon cargos públicos tienen la obligación de explicar qué hicieron con una obra que debía beneficiar a los estudiantes de Montecarlo.
También corresponde preguntar por el papel del Municipio y del Concejo Deliberante.
¿Qué controles realizaron? ¿Qué pedidos de informes hicieron? ¿Qué documentación revisaron? ¿Qué reclamaron ante Provincia y Nación? ¿Qué hicieron cuando la obra comenzó a demorarse?
Porque una obra pública no desaparece de un día para otro.
Hay expedientes.
Hay convenios.
Hay certificados.
Hay pagos.
Hay funcionarios.
Hay organismos de control.
Y hay responsables políticos que estuvieron durante el proceso.
Por eso resulta demasiado sencillo que hoy algunos funcionarios salgan a reclamar nuevos fondos nacionales mientras dejan en segundo plano todo lo ocurrido anteriormente.
Primero hay que rendir cuentas de lo que ya llegó. Después se puede discutir qué fondos deberían llegar.
Y tampoco puede quedar afuera el rol de determinados medios de comunicación financiados con recursos públicos.
Si un medio recibe pauta oficial, tiene derecho a cobrar por su trabajo. Pero también tiene una responsabilidad frente a la sociedad: informar y preguntar, no convertirse en una extensión comunicacional del poder de turno.
Los recursos públicos destinados a publicidad oficial también deben ser transparentes.
¿Quién recibe?
¿Cuánto recibe?
¿Con qué criterio?
¿A cambio de qué?
La sociedad tiene derecho a saberlo.
Y lo mismo vale para el Municipio y el HCD.
Porque si durante años hubo dinero para obras, proyectos y distintas iniciativas, los vecinos tienen derecho a conocer cuánto se recibió, cuánto se gastó y qué resultados concretos quedaron.
La Escuela 773 no debería utilizarse como una bandera política contra Milei.
Tampoco debería utilizarse para ocultar las responsabilidades de quienes estuvieron al frente de las decisiones cuando la obra comenzó, cuando recibió financiamiento y cuando empezó a demorarse.
La historia no comenzó en diciembre de 2023.
Comenzó mucho antes.
Por eso, si quieren hablar de responsabilidades, que se hable de todas.
De Nación.
De Provincia.
Del Municipio.
Del Concejo Deliberante.
De los funcionarios que participaron.
De los organismos que controlaron.
Y de quienes tuvieron responsabilidad política durante cada etapa.
Porque si hubo dinero público y la obra no se terminó, la pregunta sigue siendo la misma:
¿Dónde está cada peso y quién debe explicar qué ocurrió?
Mientras algunos siguen llorando porque Nación cerró la canilla, los vecinos de Montecarlo siguen esperando algo mucho más sencillo:
que terminen la Escuela 773.
Y esta vez, además de ladrillos y cemento, la comunidad merece algo que durante demasiado tiempo parece haber faltado:
respuestas.