¿QUÉ SERÁ LO PRÓXIMO?

A ver, vecinos de Montecarlo, hagamos una pregunta muy sencilla.

 

¿Hasta dónde piensan llegar?

 

Porque ahora resulta que para usar un baño público hay que pagar.

 

Sí, escucharon bien: BAÑO PÚBLICO.

 

Y acá no se trata de discutir si son 100, 200 o 500 pesos. Se trata de algo mucho más profundo: ¿desde cuándo una necesidad básica del vecino se convirtió en una oportunidad para recaudar?

 

Porque el vecino ya paga.

 

Paga impuestos. Paga tasas. Paga servicios. Paga cada vez más caro llenar el changuito. Y cuando llega a un espacio público, ¿también tiene que volver a poner la mano en el bolsillo?

 

¿Qué sigue, señores?

 

¿Cobrar por sentarse en la plaza?

 

¿Cobrar por usar un banco?

 

¿Cobrar por entrar a un espacio público?

 

Parece exagerado, pero cuando empezamos a aceptar que cada servicio básico puede tener una tarifa, después no nos sorprendamos cuando aparezca la próxima factura.

 

Y atención con algo: el político no pone la plata. La plata la pone el vecino.

 

El funcionario administra recursos que pertenecen a la comunidad. Por eso, antes de pensar cómo cobrarle otra cosa al ciudadano, deberían explicar cómo se administran los recursos que ya reciben.

 

Porque el vecino no está pidiendo un lujo.

 

Está pidiendo un baño limpio.

 

Está pidiendo una terminal digna.

 

Está pidiendo servicios que funcionen.

 

Está pidiendo que el Estado municipal esté para solucionar problemas y no para crear nuevos cobros.

 

Y acá está el verdadero problema.

 

Cuando la política empieza a mirar al vecino como una billetera con patas, algo se está haciendo mal.

 

Montecarlo no necesita más formas de cobrarle al vecino. Necesita más respuestas para el vecino.

 

Porque el vecino paga.

 

Ahora falta saber qué recibe a cambio.

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